La escuela inclusiva forma parte de un proceso de inclusión más amplio;
supone la aceptación de todos los alumnos, valorando sus diferencias; exige la
transmisión de nuevos valores en la escuela; implica incrementar la
participación activa (social y académica) de los alumnos y disminuir los
procesos de exclusión.
Por esto, se debe
considerar la formación del docente desde el punto de vista académico, teórico
y práctico, así como también tener nociones de neurología, psicología,
adquisición de la lengua escrita, psicopatología, así como mínimos conceptos de
anatomía, el cerebro y su funcionamiento o sobre cómo se adquiere la lectura,
escritura y el cálculo en los niños con diversidad funcional, un proceso que es
distinto en los niños que asisten a los planteles regulares, tanto metodológicamente
como a nivel de procesos.
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